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12 febrero 2013

La bailarina rusa


La bailarina rusa
Blanca Angélica Guzmán Díaz

El la observaba, indeciso en acercarse ¿si se equivocaba, si hacia el ridículo? Pero ella era idéntica, valdría la pena equivocarse, pero ¿no seria mejor quedarse con la duda? La duda carcome el alma dicen por ahí, todo culpa de la curiosidad y la curiosidad fue la que mato al gato… pobre gato.
El joven se decide, se acerca, para en seco frente a ella y se le seca  la boca “Demonios” piensa el; ella lo observa con ojos grandes y cafés como de búho que le penetraron el alma, su cabello chino le hace recordar a un león y su cuerpo delgado y atlético le recuerda a un chita.
—  D… dis… disculpe — tartamudeo el joven nervioso
    Sí diga, ¿En qué puedo ayudarle? —le pregunto la joven con una sonrisa obligada
    ¿Es usted rusa? —le pregunto el de improvisto
    ¿Yo? — pregunto ella admirada
    Sí, es rusa ¿Cierto?
    No, para nada — dijo ella con una sonrisa genuina
    No me mienta ¡Es rusa! — le acuso el hombre molesto
    No, es en serio, soy mexicana — dijo ella un poco admirada del tono del hombre
    Pero… es idéntica — dijo el más para si que para la chica
    Disculpe pero… ¿A quién soy idéntica? — pregunto la chica
    A mi bailarina rusa — dijo el con un tono de devoción — fíjese, yo soy colombiano y en una de mis salidas la conocí
    ¿A la bailarina rusa? — pregunto ella
    Sí, es hermosa, no digo que usted no lo sea — sonrío apenado —pues si ya le he dicho que es bastante guapa con solo confundirla a usted con ella — la joven se sonrojo ante el cumplido y miro a los lados en busca de zafarse de la situación.
    ¿Qué paso con ella? —pregunto la joven  dejando en el olvido el tema respecto  a lo agradable o desagradable de su apariencia
    Se fue — contesto el joven entristecido, esto hizo sentir culpable a la joven
    Lamento no haber sido ella — respondió y deseo implicar con sus palabras estas otras “lamento habérsela recordado”, el joven sonrío
    No se preocupe, no es su culpa después de todo
    Pronto la encontrara — el realizo una media sonrisa sin genuina alegría y se despidió
    Eso espero, lamento haberla distraído — y se fue, pensando en su bailarina rusa, encerrada como bailarina en alhajero en los recuerdos del hombre, las piernas, los brazos, su pecho, la perfección que emanaba; ella miro al hombre irse, con su andar cabizbajo y desenamorado, pero la joven se admiro al mirar en un reflejo a una chica acompañándole, idéntica a ella, la única diferencia, su caminar de puntas; en ese momento la joven lo comprendió, era el reflejo de los recuerdos de aquel hombre, pero se admiro aun más de mirar en un reflejo cercano a su guitarrista francés que aquel hombre se lo había recordado; perro ella lo sabia, el ya no estaba, al igual que la bailarina rusa.